Para abordar cuestiones científicas complejas se requiere el trabajo en equipo

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Ilustración de un grupo diverso de personas en un círculo tomándose de la mano.
© Getty Images/melitas

Publicado el 11 de julio de 2022 por la Dra. Nora D. Volkow, del Instituto Nacional sobre el Abuso de Drogas

Durante la pandemia de COVID-19 pudimos observar una colaboración científica rápida y sin precedentes: expertos de todo el mundo, con especialización en diversas áreas y anteriormente desconectados, hallaron formas de colaborar para hacer frente a una causa común. Por ejemplo, los físicos ayudaron a los neumólogos a comprender de qué modo las partículas del virus podían propagarse en el aire, lo que llevó a crear mejores estrategias de mitigación. Especialistas en ciencia cardiovascular, neurociencia, inmunología y otras áreas ahora trabajan juntos para comprender y abordar el COVID prolongado. En los últimos dos años, también hemos visto un notable intercambio internacional de datos epidemiológicos e información sobre los efectos de las vacunas.

La ciencia es, cada vez más, una actividad en equipo. Esto es cierto para muchas áreas, no solo para la biomedicina. La diversidad profesional de los equipos de investigación refleja la mayor complejidad de los interrogantes que debe responder la ciencia Esto es particularmente obvio en el estudio del cerebro, que es el sistema más complejo que conocemos.

La iniciativa de los Institutos Nacionales de la Salud (NIH) llamada Brain Research Through Advancing Innovative Neurotechnologies® (BRAIN), cuyo objetivo es mejorar la neurociencia a través de nuevas tecnologías, incluye equipos de investigación integrados por neurocientíficos, ingenieros, matemáticos, físicos, científicos de datos y expertos en ética, entre otros. Casi la mitad (el 47%) de los subsidios otorgados cuentan con varios investigadores principales.

Además de la iniciativa BRAIN, otros proyectos de investigación en los que participan múltiples institutos de los Institutos Nacionales de la Salud están aplicando la ciencia en equipo a complejas cuestiones de investigación, tales como las investigaciones relacionadas con el neurodesarrollo, la adicción y el dolor. La iniciativa Helping to End Addiction Long-term®, o NIH HEAL Initiative®, creó una estructura de investigación basada en equipos para lograr el avance rápido de terapias prometedoras para el dolor a la fase de ensayo clínico.

En el estudio El Estudio del Desarrollo Cognitivo y Cerebral del Adolescente, encabezado por el NIDA en estrecha colaboración con el Instituto Nacional sobre el Abuso del Alcohol y el Alcoholismo (NIAAA, que forma parte de los Institutos Nacionales de la Salud) y otros institutos del NIH, 21 centros de investigación están recolectando datos conductuales, especímenes biológicos y neuroimágenes de 11,878 niños desde los 10 años hasta la adolescencia. Equipos encabezados por expertos en psiquiatría adolescente, psicología del desarrollo y pediatría entrevistan a los participantes y a sus familias. Estos expertos luego reúnen un arsenal de métricas de salud derivadas de evaluaciones psicológicas, cognitivas, socioculturales y físicas, que incluyen la recolección y el análisis de varios tipos de especímenes biológicos (sangre, saliva). Además, expertos en biofísica reúnen información sobre la estructura y la función del cerebro de los participantes cada dos años.

Un estudio similar de niños en la primera década de vida a partir del período prenatal —el estudio HEALthy Brain and Child Development (HBCD) patrocinado por HEAL, el NIDA y varios otros centros e institutos del NIH— se está realizando actualmente en 25 sitios de investigación en todo el país. Al igual que en el estudio ABCD, en este esfuerzo participan una variedad de especialistas científicos. En este caso, son asistidos por expertos en atención obstétrica y en neuroimagenología neonatal.

Ambos estudios cuentan con equipos de científicos de datos que validan y organizan toda la información generada y la ponen a disposición de investigadores de todo el mundo. Esto posibilita la investigación de cuestiones complejas, como la diversidad en el neurodesarrollo humano o los efectos de los genes y las experiencias sociales y su relación con la salud mental. Más de la mitad de las publicaciones que usan datos de ABCD han sido escritas por investigadores que no forman parte de la iniciativa ABCD, pero que han aprovechado la modalidad de acceso abierto.

Y así y todo, las instituciones que aplican y financian la ciencia —incluidos los Institutos Nacionales de la Salud— han sido lentas en apoyar y recompensar la colaboración. Debido a que la autoría y la financiación son tan importantes en las decisiones de cargos y promociones en las universidades, por ejemplo, la contribución de un individuo a proyectos más amplios que cuentan con varios investigadores, en los que tal vez el individuo no es el beneficiario del subsidio o el autor principal del estudio, puede tener menos peso.

Por este motivo, los científicos que se encuentran en la etapa inicial de su carrera pueden ser particularmente reacios a colaborar en proyectos de equipo. Entre las recomendaciones mencionadas en un informe de 2015 de las Academias Nacionales de Ciencias, Ingeniería y Medicina (NASEM), Enhancing the Effectiveness of Team Science, se sugiere que las universidades y otras instituciones deben hallar formas efectivas de asignar crédito al trabajo en equipo para asistir a los comités que deciden sobre promociones y cargos.

Los equipos más sólidos serán diversos no solo en pericia científica, sino también en otros aspectos. Además de promover en forma más activa la colaboración interdisciplinaria, el NIH está realizando un esfuerzo más coordinado para promover la equidad racial y la inclusividad en nuestro personal de investigación, tanto a través de la iniciativa UNITE como de iniciativas específicas de los distintos institutos, entre ellas Iniciativa para la Equidad Racial, del NIDA.

Para promover la diversidad, la inclusividad y la accesibilidad en la investigación, la iniciativa BRAIN añadió recientemente un requisito en la mayoría de sus anuncios de oportunidades de financiación por el que los solicitantes deben incluir un plan para mejorar la diversidad de perspectivas (PEDP) en la investigación propuesta. Los PEDP se evalúan y califican durante la revisión de pares como parte de las consideraciones holísticas utilizadas para guiar las decisiones de financiación. Estas medidas, que hacían falta desde hace mucho tiempo, no solo contribuyen a asegurar que la ciencia financiada por el NIH sea más diversa, sino que además constituyen pasos importantes para estudiar y abordar los determinantes sociales de la salud y las disparidades de salud que existen para tantas enfermedades.

Cada vez más, el descubrimiento científico consiste tanto en explorar nuevas conexiones entre distintos tipos de investigadores como en hallar nuevas relaciones entre distintos tipos de bases de datos científicos. Los desafíos que enfrentamos son enormes: terminar con la pandemia de COVID, hallar una solución a la adicción y la crisis de sobredosis, y tantos otros. Una mayor colaboración entre los científicos nos dará la máxima posibilidad de superar esos desafíos.

Enlaces:

Dra. Nora Volkow, directora

Aquí destaco la importante labor que está llevando a cabo el NIDA y otras novedades relacionadas con la ciencia detrás del consumo de drogas y la adicción.