La conexión entre el sueño y los trastornos por consumo de drogas

Los trastornos mentales más comunes, desde la depresión y la ansiedad hasta el trastorno por estrés postraumático, están asociados con problemas del sueño; los trastornos por consumo de drogas no son una excepción. La relación puede ser compleja y bidireccional: las drogas causan problemas para dormir, pero el insomnio y la falta de sueño también pueden ser un factor que aumente el riesgo de que una persona consuma drogas o se vuelva adicta. Reconociendo la importancia de este factor —que en algún momento no se tuvo en consideración—, los investigadores están prestando más atención al sueño y a los problemas para conciliarlo, e incluso están considerando maneras de atacar esos problemas en las estrategias de prevención y tratamiento de los trastornos por consumo de drogas.

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 Persona incapaz de dormir
©iStock/demaerre

Ahora sabemos que la mayoría de las formas de consumo de drogas alteran profundamente los sistemas regulatorios del sueño en el cerebro, lo cual afecta tanto el tiempo que lleva conciliar el sueño (latencia) como la duración y la calidad. Las personas que consumen drogas también experimentan insomnio durante la abstinencia, lo cual alimenta el deseo intenso de consumo y puede ser un factor importante que lleve a la recaída. Además, debido a la función central que cumple el sueño en la consolidación de recuerdos nuevos, dormir mal puede hacer que a estos individuos les resulte más difícil aprender las nuevas habilidades de autocontrol y los mecanismos de defensa necesarios para la recuperación.

Cada vez se comprenden mejor los mecanismos neurobiológicos que vinculan muchas formas de consumo de drogas con las dificultades del sueño. Por ejemplo, la dopamina es una sustancia neuroquímica crucial para entender la relación entre los trastornos por consumo de drogas y el sueño. La estimulación directa o indirecta que provocan las drogas en las vías de recompensa de la dopamina es responsable de las propiedades adictivas de las drogas. Pero la dopamina también modula el estado de alerta y participa en el ciclo de sueño y vigilia. Las drogas dopaminérgicas se utilizan para tratar trastornos del nivel de alerta y estimulación, como la narcolepsia. La cocaína y las drogas similares a la anfetamina (la metanfetamina, por ejemplo) se cuentan entre las que causan mayor aumento de dopamina, y el consumo indebido en forma repetida puede llevar a una importante privación del sueño.  La falta de sueño, a su vez, reduce la sensibilidad de los receptores de dopamina, lo que hace que la persona sea más impulsiva y más vulnerable al consumo de drogas.

Además de estos efectos sobre la dopamina, las drogas también afectan el sueño a través de sus objetivos farmacológicos principales. Por ejemplo, la marihuana interactúa con el sistema endocannabinoide del organismo adhiriéndose a los receptores cannabinoides; este sistema participa en la regulación del ciclo de sueño y vigilia (entre otras muchas funciones). Los problemas para dormir son un síntoma común de abstinencia de la marihuana; más del 40% (en inglés) de quienes están tratando de dejar la droga reportan dificultad para dormir. Y la dificultad para dormir se reporta como el síntoma más angustiante. (También se reportan pesadillas y sueños extraños). Una de cada diez personas que recae en el consumo de cannabis menciona la dificultad para dormir como el motivo causante de la recaída.

Las drogas opioides, como la heroína, interactúan con el sistema opioide endógeno del organismo y se adhieren a los receptores opioides mu (μ); este sistema también cumple una función en la regulación del sueño. El nombre de la morfina, el derivado medicinal del opio, proviene de Morfeo, el dios griego de los sueños. Las drogas opioides naturales o sintéticas pueden causar somnolencia profunda, pero también pueden alterar el sueño al aumentar las transiciones entre las distintas fases del sueño (lo que se conoce como alteración de la arquitectura del sueño), y las personas que se encuentran en una etapa de abstinencia pueden experimentar insomnios terribles. Los opioides en la región del tronco del encéfalo también controlan la respiración, y cuando se consumen en grandes dosis pueden inhibir peligrosamente la respiración durante el sueño.

La adicción y los trastornos del sueño también están entrelazados de otras maneras inesperadas y complejas. En un hallazgo particularmente fascinante que se publicó en Science Translational Medicine (en inglés) en 2018, un grupo de investigadores de UCLA que estaban estudiando la función del neuropéptido orexina (que regula la vigilia) en la narcolepsia, al examinar células cerebrales post mortem hallaron un cerebro con una cantidad significativamente mayor de células productoras de orexina; ese individuo, supieron después, había sido adicto a la heroína. Este descubrimiento fortuito llevó al equipo a analizar una muestra más grande del tejido cerebral hipotalámico de adictos a la heroína; el cerebro de esos individuos contenía un 54% más de células productoras de orexina que el de personas que no habían sido consumidores de heroína. La administración de morfina a roedores causó efectos similares.

La investigación adicional sobre el modo en que se superponen los circuitos y los sistemas de señalización del cerebro responsables de la recompensa y los sistemas que regulan el sueño podría ayudar a comprender las diferencias individuales (en inglés) en la susceptibilidad a la adicción y a los trastornos del sueño. Creo que el futuro del tratamiento de la adicción se encuentra en estrategias que sean más personalizadas y multidimensionales (en inglés), y esto incluye utilizar combinaciones de medicamentos y otras intervenciones dirigidas a síntomas específicos del trastorno. Es probable que resulte muy fructífero apuntar a los problemas del sueño como una de las dimensiones del tratamiento. Por ejemplo, en este momento el NIDA está financiando investigaciones para evaluar la eficacia del suvorexant, un fármaco para el insomnio aprobado por la FDA que actúa como un antagonista en los receptores de orexina en las personas que sufren un trastorno por consumo de opioides.

La relación causal entre las dificultades del sueño y el uso indebido de drogas o la adicción también puede ir en la dirección opuesta. Las personas que sufren de insomnio pueden tener un mayor riesgo de consumir drogas, porque para resolver el problema, pueden automedicarse con alcohol u otras drogas, como las benzodiacepinas, que tal vez perciban como relajantes. O quizás usen drogas estimulantes para compensar la fatiga que sienten durante el día por no haber dormido lo suficiente. La alteración del sueño también puede aumentar el riesgo de consumir drogas por otros motivos (al causar deterioro cognitivo, por ejemplo). En consecuencia, los trastornos del sueño y otras barreras que impiden que una persona duerma lo suficiente son factores importantes que se deben abordar en la prevención.

El horario temprano de inicio de la actividad escolar, por ejemplo, ha sido objeto de amplio debate en los últimos años, ya que los adolescentes pueden ser especialmente vulnerables a los muchos efectos conductuales y de salud que causa la falta de sueño. Escribí anteriormente en este blog (en inglés) sobre las conclusiones investigativas de que menos horas de sueño se correlacionan con un mayor riesgo de consumo de drogas y otros problemas conductuales en los adolescentes. En este grupo etario, el consumo de tabaco, alcohol y marihuana está asociado con una salud precaria del sueño, incluidas menos horas de sueño; aquí, nuevamente, existe una posible bidireccionalidad de causas. 

Se necesitan investigaciones longitudinales para comprender mejor los complejos vínculos causales entre el sueño, el desarrollo del cerebro y los desenlaces de salud mental, incluido el consumo de drogas. El estudio The Adolescent Brain and Cognitive Development (ABCD) (en inglés) está analizando estas relaciones en un gran cohorte de jóvenes que fueron reclutados cuando tenían entre 9 y 10 años. Este estudio longitudinal, que actualmente se encuentra en su tercer año, ya está comenzando a producir hallazgos valiosos. Utilizando datos del estudio ABCD, un equipo de investigadores chinos publicó recientemente en Molecular Psychiatry (en inglés) su conclusión de que el sueño de los niños con problemas depresivos fue de menor duración un año después; además, esos niños también tuvieron menor volumen en las áreas del cerebro asociadas con funciones cognitivas, como la memoria. A medida que el estudio ABCD avance, descubriremos mucho más.

A pesar de todo lo que estamos aprendiendo, es necesario investigar más la relación —o relaciones— entre el consumo de drogas, la adicción y el sueño, tanto en los adultos como en los jóvenes. El NIDA está financiando actualmente varios proyectos para estudiar la relación existente entre diferentes trastornos por consumo de drogas y el sueño, y también entre la neurobiología de la recompensa y los ritmos circadianos. Es un área con inmenso potencial para prevenir el consumo de drogas y para tratar uno de los efectos secundarios más debilitantes vinculados con los trastornos de consumo.

Dra. Nora Volkow, directora

Aquí destaco la importante labor que está llevando a cabo el NIDA y otras novedades relacionadas con la ciencia detrás del consumo de drogas y la adicción.

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