Las muertes por suicidio son un componente importante de la crisis de opioides que debe abordarse

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Los directores Dra. Nora Volkow (NIDA) y Dr. Joshua Gordon (NIMH)

Septiembre es el Mes Nacional de Concientización sobre la Prevención del Suicidio. En conmemoración, nuestros dos institutos, el Instituto Nacional sobre el Abuso de Drogas (NIDA) y el Instituto Nacional de la Salud Mental (NIMH), aprovechan esta oportunidad para resaltar un aspecto de la crisis de opioides poco difundida: el vínculo entre el uso de opioides, el trastorno por consumo de opioides (OUD) y el suicidio.

Hemos oído hablar mucho sobre la epidemia de opioides y el creciente número de víctimas que está cobrando en nuestras comunidades. En 2017, 47,600 personas murieron por sobredosis de opioides ilícitos o recetados. Pero la epidemia de sobredosis de opioides no se limita a las personas con adicción que accidentalmente toman una dosis excesiva de analgésico o que se inyectan inadvertidamente un producto de heroína contaminado. Oculto en el alarmante número de muertes por sobredosis se encuentra un número significativo de personas que han decidido quitarse la vida.

Puede resultar difícil descubrir la verdadera relación entre el suicidio y el consumo de drogas. Ante la ausencia de una nota de suicidio, es difícil evaluar las intenciones de una persona que ha muerto de una sobredosis, salvo circunstancialmente. Además, las intenciones de alguien con OUD que sufre una sobredosis no siempre son claras. En un estudio del año pasado sobre las experiencias de sobredosis actuales y pasadas entre pacientes que buscaban tratamiento en un departamento de emergencias de Flint, Michigan (enlace externo), el 39 % de aquellos cuya peor sobredosis incluía el uso de un opioide o un sedante, declararon que querían morir o que estaban preocupados por los riesgos; otro 15 % declaró que no estaba seguro de sus intenciones.

Si bien no sabemos exactamente cuántas muertes por sobredosis de opioides son en realidad suicidios, algunos expertos estiman que hasta un 30% de las sobredosis de opioides pueden ajustarse a esta descripción. La conexión entre la sobredosis de opioides y el suicidio parece aumentar con el tiempo, con un análisis de 2017 de los datos de las Estadísticas Vitales Nacionales que muestra aumentos significativos en los suicidios con participación de opioides entre todos los grupos de edades, excepto adolescentes y adultos jóvenes entre 1999 y 2014; y en el cual, en el grupo de 55 a 64 años, la tasa se cuadruplicó.

Los estudios que buscan comprender el vínculo entre el suicidio y el uso de opioides sugieren que los dos pueden estar interconectados de múltiples formas y por muchas razones. Un estudio de 2017 que utilizó datos de una encuesta nacional mostró que las personas que abusaron de opioides recetados tenían entre 40% y 60% más probabilidades de tener pensamientos suicidas, incluso después de controlar otras afecciones psiquiátricas y de salud. Las personas con un trastorno por consumo de opioides recetados también tenían el doble de probabilidades de intentar suicidarse con relación a las personas que no usaban opioides recetados indebidamente.  

Las personas con trastornos por consumo de sustancias también suelen padecer de otros trastornos psiquiátricos; por ejemplo, tienen el doble de probabilidades de tener trastornos de humor y de ansiedad, que se asocian de forma independiente con un mayor riesgo de suicidio. Lo contrario también es cierto. La mitad de todas las personas con una enfermedad mental tendrán, en algún momento de su vida, un trastorno por uso de sustancias. Además, las enfermedades mentales también están relacionadas con las sobredosis accidentales de medicamentos y drogas ilícitas.

El dolor es otro factor importante al considerar las complejas relaciones entre los opioides, la sobredosis (tanto de carácter suicida como accidental) y las enfermedades mentales. Las personas que padecen condiciones de dolor crónico, que es el principal motivo por el cual se recetan opioides a las personas, también pueden tener depresión u otras enfermedades mentales concomitantes, y pueden tener un mayor riesgo de suicidio simplemente debido al dolor. Las personas que toman mayores cantidades de opioides recetados para el dolor también tienen un mayor riesgo de muerte por sobredosis accidental. Con las iniciativas actuales para reducir la prescripción de opioides, muchos pacientes con dolor se encuentran incapaces de recibir el tratamiento que necesitan o son estigmatizados como "adictos" por el sistema de salud, lo que agrava sus dificultades.

Nuestros institutos participan en iniciativas de investigación que abordan el componente suicida de la crisis de opioides. El NIDA financia investigaciones destinadas a comprender las complejidades de la adicción, incluidos los problemas de salud mental concurrentes y los factores de riesgo genéticos y ambientales compartidos por la adicción y las enfermedades mentales. El NIMH financia investigaciones destinadas a comprender las causas del suicidio y la ideación suicida y busca desarrollar nuevas intervenciones de prevención y tratamiento dirigidas específicamente al suicidio.

La crisis de los opioides y las muertes por desesperación asociadas con ella exigen abordar el contexto más amplio de salud mental del uso y abuso de opioides. Debemos utilizar plenamente los medicamentos eficaces de OUD que tenemos a nuestra disposición, además de abordar los muchos factores de riesgo de suicidio, en particular las enfermedades mentales concurrentes y el dolor, en quienes usan opioides. Esta es la razón por la cual la iniciativa HEAL (la Iniciativa de asistencia para terminar con la adicción a largo plazoSM) de los NIH es tan importante. La iniciativa se fundamenta en una investigación consolidada de los NIH para mejorar la prevención y el tratamiento del abuso y la adicción a los opioides. También pretende mejorar el tratamiento para el dolor mediante el desarrollo de sustitutos eficaces y más seguros para los opioides.

Como parte de esta iniciativa, los institutos NIH participantes financiarán ensayos clínicos de modelos de atención colaborativa para tratar a personas con trastorno por consumo de opioides y trastornos mentales concurrentes. Los modelos de atención colaborativa, que involucran a profesionales de la salud mental, administradores de atención y médicos de atención primaria trabajando en conjunto, ya son recomendados para la depresión y el trastorno de estrés postraumático. La evidencia reciente sugiere que también pueden ser efectivos para los trastornos por uso de sustancias y para reducir el riesgo de suicidio. Estas nuevas subvenciones tienen como objetivo demostrar esta eficacia de forma definitiva y mostrar cómo se puede implementar la atención colaborativa en los centros de salud comunitarios en las áreas más afectadas por la doble epidemia de sobredosis de opioides y muertes por suicidio.

Referencias:

Dra. Nora Volkow, directora

Aquí destaco la importante labor que está llevando a cabo el NIDA y otras novedades relacionadas con la ciencia detrás del consumo de drogas y la adicción.

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