La importancia de la prevención para abordar la crisis de opioides

A medida que nuestras comunidades, sistemas de salud y agencias gubernamentales se unen al esfuerzo por revertir la epidemia de sobredosis de opioides y resolver la presente crisis, no basta concentrar todos nuestros recursos en tratar a las personas que ya son adictas a los opioides. Evitar que las personas que no tienen un trastorno por consumo de opioides se vuelvan adictas es una tarea igualmente importante. Un enfoque importante de la prevención consiste en abordar el problema de la prescripción excesiva de analgésicos por medio de una mejora en el tratamiento del dolor y el control de las prescripciones; a medida que los opioides ilícitos como la heroína y el fentanilo importado se hacen más frecuentes, también es crucial reducir el suministro de esas sustancias mediante la aplicación de la ley. Sin embargo, reducir la demanda de opioides al abordar los motivos por los cuales las personas recurren a ellos y se vuelven adictos en primer lugar es vital y fundamental para garantizar que no se produzca una nueva epidemia de drogas una vez que se contenga la crisis de opioides.

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Dos personas hablando con la palabra Prevención superpuesta

Las investigaciones sobre prevención de consumo de drogas abordando factores de vulnerabilidad que aumentan el riesgo de trastornos por consumo de sustancias son un componente importante de la iniciativa HEAL ( la Iniciativa de asistencia para terminar con la adicción a largo plazoSM) de los Institutos Nacionales de la Salud (NIH). Específicamente, el Estudio HEALthy Brain and Child Development (HBCD) financiado parcialmente por HEAL examinará cómo se desarrolla el cerebro humano en la transición de la infancia a la adolescencia inicial. La evaluación de los efectos de la exposición fetal a las drogas, los entornos adversos, la genética y las enfermedades mentales nos proporcionará conocimientos que nos ayudarán a comprender cómo operan estos factores de riesgo para conferir vulnerabilidad a los trastornos por uso de sustancias.

Las numerosas investigaciones realizadas por especialistas financiados por el NIDA durante las últimas décadas ha demostrado que alterar positivamente la trayectoria de vida de un niño al reducir varios factores de riesgo, fortalecer los factores de protección y aumentar el acceso a recursos puede reducir o retrasar el uso posterior de drogas, así como minimizar otros resultados adversos, como la delincuencia u otras enfermedades mentales. Los factores de riesgo abordados por medio de intervenciones en la primera infancia pueden incluir una autorregulación deficiente, agresión o un vínculo inseguro con los padres. Los factores abordados en intervenciones de prevención familiar y escolar en todas las edades hasta la adolescencia incluyen la falta de supervisión de los padres, la exposición a las drogas en el hogar o en la escuela y el estrés causado por la pobreza, el abandono o el abuso.

Los programas de prevención pueden tomar muchas formas, pero todos de una forma u otra abordan estos factores de riesgo y/o refuerzan factores como el autocontrol, las relaciones con los compañeros u otras habilidades apropiadas para la edad. Estas formas de resiliencia pueden marcar la diferencia en la vida de los jóvenes cuando se enfrentan a las oportunidades y tentaciones de comenzar a fumar, beber o consumir drogas cuando son adolescentes, a pesar de cualquier adversidad que hayan experimentado cuando eran más jóvenes. La prevención eficaz puede incluso comenzar desde el período prenatal: Por ejemplo, una intervención en la que enfermeras profesionales visitan y brindan orientación a las madres primerizas durante su embarazo y en los primeros dos años de vida de su hijo demostró ser eficaz para mejorar varios resultados cognitivos y comportamentales en la adolescencia, incluyendo la reducción del uso de sustancias y la interacción con el sistema de justicia juvenil.

El estrés de los entornos de pobreza tiene un impacto negativo en el desarrollo del cerebro, pero un hallazgo sorprendente de la investigación de la prevención es que las intervenciones pueden proteger o revertir algunos de estos impactos neurobiológicos. Por ejemplo, una intervención centrada en la familia con familias pobres en las zonas rurales de Georgia protegidas contra los cambios neurobiológicos asociados con la pobreza en las áreas del cerebro involucradas en el aprendizaje y la reactividad al estrés. Y los niños maltratados en hogares transitorios que participaron de una intervención de prevención para niños en edad preescolar consiguieron regular mejor el estrés, medido por los niveles de cortisol.

Dado que los factores de riesgo del consumo de drogas son comunes a otros problemas de comportamiento, la mayoría de las intervenciones de prevención no se centran únicamente en prevenir el consumo de drogas o en prevenir un tipo de consumo de drogas específico. Se pueden tratar o evitar una amplia gama de problemas abordando los factores de riesgo o de protección centrales. Sin embargo, algunos programas, como uno de intervención en la escuela secundaria llamado de PROSPER, han demostrado beneficios específicos para prevenir el uso no médico de medicamentos recetados.

Una prioridad de investigación importante es descubrir cómo ampliar la adopción y la implementación efectiva de programas de prevención empíricos. El repertorio de este tipo de intervenciones es diverso, pero pocas de las opciones se utilizan ampliamente. Parte del problema es que los programas de intervención de alta calidad son caros, y las comunidades pueden ser reacias a invertir los recursos necesarios cuando la recompensa se torna apreciable en años o mucho más adelante. Sin embargo, los estudios han demostrado de forma sorprendente que muchos programas se pagan por sí mismos. Al igual que otras inversiones —ahorrar para la jubilación, por ejemplo— la prevención primaria del uso de sustancias y la adicción requiere pensar a largo plazo y equilibrar los costos a corto plazo en dinero y tiempo con los beneficios a largo plazo de una sociedad más saludable en el futuro.

La iniciativa HEAL también dará prioridad a la investigación sobre el desarrollo de intervenciones dirigidas a la transición de la adolescencia tardía a la edad adulta, la edad en la que se produce el mayor aumento en el inicio del uso de opioides. El NIDA financiará la investigación para crear una base de evidencia para nuevas estrategias e intervenciones para prevenir el inicio del consumo de opioides y el trastorno por uso de opioides (OUD) en adolescentes mayores y adultos jóvenes en la atención médica, la justicia y otros entornos.

En un nuevo Comentario, Dirigirse a los jóvenes para prevenir el trastorno por consumo de sustancias en el futuro:Una respuesta infrautilizada a la crisis de los opioides en Estados Unidos (enlace externo) , en el  American Journal of Public Health , colegas del NIDA, de la Administración de Salud Mental y Abuso de Sustancias (SAMHSA) y de los Centros para el Control de Enfermedades (CDC) destacan la importancia de los estudios sobre prevención primaria para ayudar a abordar la crisis de opioides. Dicha investigación nos proporcionará no solo soluciones científicas para abordar la presente crisis de opioides, sino que también nos brindará el conocimiento y las herramientas para protegernos de futuras crisis de drogas.

Dra. Nora Volkow, directora

Aquí destaco la importante labor que está llevando a cabo el NIDA y otras novedades relacionadas con la ciencia detrás del consumo de drogas y la adicción.

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